VIII- ASOCIACIONES HISTÓRICAS


VIII

 ASOCIACIONES HISTÓRICAS

Tío Jim, querido, todo este jardín
en el que ahora fumas tu pipa sin fin,
ha sido escenario de ardientes hazañas
y ha visto ganar y perder batallas.

Por aquí debemos pasar de puntillas, 
yo abriré la marcha y haré de vigía,
pues éste es aquel país hechizado
que quien lo atraviesa acaba encantado.

Todo esto es el mar, aquí está la playa,
esta tierra es sólo la Tierra Sin Nada,
estas flores mágicas pueden encantar,
y esta cueva es la de Alí Babá.

Mira, ahí adelante, hasta aquel rincón,
todo eso es la helada Siberia; ahí yo
con Roberto Bruce y Guillermo Tell
fuimos hechizados con magia los tres.

Estuvimos presos una temporada
en celdas oscuras, frías, sin ventanas,
hasta que sacando fuerzas de flaqueza
rompimos los hierros de nuestras cadenas.

Luego en la ciudad sonaron los cuernos,
se hundieron los muros con un gran estruendo,
montaron caballos todos los gigantes
y nos persiguieron por los matorrales.

Entonces huimos, los otros y yo,
fuimos por los montes azules y por
el río de la plata, por el mar bravío
y los bosques tártaros, llenos de bandidos.

Así galopamos cerca de mil millas
por donde las brujas tienen sus guaridas,
así cabalgamos blandiendo la espada,
pasamos los vados, cruzamos las brañas

hasta que soltamos las riendas los tres
al llegar al césped a la hora del té
y descabalgamos de nuestros caballos
y aquí en Babilonia por la puerta entramos.


VII- EL JARDINERO


VII

 EL JARDINERO

A nuestro jardinero no le gusta la charla,
no me deja salirme del sendero de grava;
y cuando necesita sacar las herramientas,
echa llave a la puerta y cierra la caseta.

Más allá de la hilera larga de groselleros,
donde sólo le dejan pasar al cocinero,
lejos, en los bancales, le veo cómo cava
viejo, serio, moreno y grande, con su azada.

Cava entre flores verdes, coloradas y azules,
pero no le apetece que le hables ni preguntes.
Él cava entre las flores o recorta los setos,
pero nunca parece tener ganas de juegos.

¡Qué tonto, jardinero! Queda poco verano
y el invierno se acerca y llega paso a paso;
se quedará el jardín sin hojas ni alegría
y a ti te tocará guardar la carretilla.

Pero ahora que el verano aún no toca a su fin
y pasamos el día entero en el jardín,
¡oh cuánto más simpático y sensato serías
si jugaras conmigo a guerras en la India!


VI- HOGUERAS DE OTOÑO


VI

 HOGUERAS DE OTOÑO

En los demás jardines,
hasta el fondo del valle,
sube de las hogueras
el humo por el aire.

Ha llegado el otoño
y de esos fuegos sale 
el humo de las flores
del verano, que arden.

¡Bailan las estaciones
cada una su baile!
En el verano, flores;
en el otoño, aire.


V- EL SOLDADO MUDO


V

 EL SOLDADO MUDO

Cuando estaba el heno recién cosechado
andaba yo un día solo por el prado,
y allí un agujero en el suelo hallé
y en él un soldado de plomo enterré.

Brotaron mil flores en la primavera
y aquel escondite lo cubrió la yerba;
era un mar la yerba verde sin orillas
que a mí me llegaba hasta las rodillas.

Y bajo la yerba yacía el soldado
de casaca roja, con fusil armado, 
mirando con ojos de plomo a lo alto,
por el día al sol, de noche a los astros.

Cuando esté la yerba con el trigo en caña
y tras afilarlas pasen la guadaña,
cuando vuelva el prado a estar bien segado,
mi escondite entonces se habrá destapado.

Volveré a encontrar aquel agujero,
 y encontraré en él a mi granadero;
pero en cualquier caso, también, no lo dudo,
sé que encontraré un solado mudo.

Él habrá vivido, aunque a su manera,
en bosques de yerba en la primavera,
y habrá hecho, según su modo de ser,
lo que a mí me habría encantado hacer.

Ha podido ver horas estrelladas
y cómo brotaban flores enjoyadas;
y las maravillas que ha visto y recuerda
en las verdes selvas que forma la hierba.

Ha podido oír como un eremita
hablar a la abeja con la mariquita,
y ha visto volar a la mariposa
sobre ese agujero en el que aún reposa.

Ya sé que no piensa decir ni palabra,
es harto difícil que la boca abra.
Tendré que aceptarlo a él con su mutismo
y habré de inventarme su historia yo mismo.




IV- SOL DE VERANO


IV

SOL DE VERANO

Poderoso es el sol, y avanza sin parar
por el cielo vacío, sin descansar jamás;
y en los días azules, claros y despejados,
supera a la de agua la lluvia de sus rayos.

Aunque cerremos fuerte ventanas y postigos
para que se mantenga el frescor del pasillo,
él acaba encontrando siempre algún agujero
y se cuela por él con sus dorados dedos.

O pro la cerradura pasa y hace brillar
la telaraña llena de polvo en el desván,
y a través de los huecos de la hilera de tilos
le sonríe al henil y a sus mil escondrijos.

Mientras está en lo alto, con su cara dorada
controla pro completo lo que en el jardín pasa
y su mirada cálida y brillante  penetra
hasta el más escondido rincón que hay en la hiedra.

Saltando las colinas por el azul del cielo,
cruzando el aire nítido con su  paso certero,
para gustar al niño, para pintar la rosa,
jardinero del mundo, el sol nunca reposa.


III- LAS FLORES


III

LAS FLORES

Mi niñera los nombres de todas me enseñó:
Ligas de jardinero o Zurrón de pastor,
Botones de estudiante o Bata de señora,
y el de la más crecida, que es Doña Malvaloca.

Lugares encantados, encantadas sorpresas
y bosques encantados donde la avispa vuela,
árboles diminutos para enanas y enanos,
¡sus nombres, a la fuerza han de ser encantados!

Bosques en miniatura que guardan en sus ramas
las casitas umbrías que construyen las hadas;
árboles diminutos: rosales o claveles
a los que se encaraman las hadas más valientes.

Las plantas, cuando crecen, es como por encanto,
pero estos bosquecillos son los más encantados;
y si no fuese yo tan alto como soy,
en ellos viviría muy feliz desde hoy.



II- HUEVOS EN EL NIDO


II

 HUEVOS EN EL NIDO

Todo el día los pájaros,
por aquí en el laurel,
andan revoloteando
y riñendo también.

Donde las ramas se unen
el nido está instalado;
cuatro huevos azules
la madre está empollando.

Al tiempo que los vemos
asombrados, a salvo
se encuentran en los huevos
las crías de los pájaros.

Pronto las cascarán
y los pollos, saltando,
abril alegrarán 
con sus voces, cantando.

Aunque sean más jóvenes
que nosotros, y frágiles,
pronto se harán mayores
y surcarán los aires.

Y aunque nosotros seamos
más fuertes y más altos,
tendremos que empinarnos
para ver a los pájaros.

Ellos irán volando
con hablas musicales,
cruzarán por lo alto 
sobre los robledales.

Y nosotros, tan sabios
y de culto lenguaje,
tendremos que ir a pie,
cansinos caminantes.



I- NOCHE Y DÍA


I

 NOCHE Y DÍA

Cuando se marcha el día de oro,
cuando se esconde tras el portón,
jardín y niños, flores y sol,
todo se borra, se esfuma todo.

Cuando las sombras son alargadas,
cuando los rayos de luz decrecen,
todo se esfuma y desaparece
bajo la tarde y su parda capa.

Jardín oscuro, flores cerradas,
niños durmiendo como lirones,
entre los troncos andan ratones,
por el camino brillan luciérnagas.

Brillan las casas entre lo lóbrego,
se mueven luces por las tinieblas,
pero la noche sopla las velas
y van apagando los dormitorios.

Hasta que al fin empieza el día
por el oriente, entreluciendo,
y en matorrales, tojos y setos
los pajarillos cantan y pían.

Entre lo oscuro ya se destacan
sombras de casas, setos y árboles;
y con sus alas dan los gorriones
en el alféizar de la ventana.

Y así despiertan a la criada,
que baja un piso, abre la puerta
y ve escarchados jardín y huerta
iluminados por la alborada.

Este jardín es parecido,
así teñido de verde y plata,
al de ayer tarde tras la ventana,
ante mis ojos desvanecido.

Igual que ayer se iba apagando
como un juguete, de atardecida,
lo veo ahora brillar de día
conforme el cielo va relumbrando.

Cada camino, cada macizo,
y cada rosa, los alhelíes,
requeteazules las nomeolvides,
todos cubiertos por el rodío,

"¡Arriba! gritan, "que ya es de días
en estos valles tan sonrientes;
se oyen redobles de amaneceres:
¡jugad amigos, jugad amigas!"