VI- A CUALQUIER LECTOR


VI

 A CUALQUIER LECTOR

Como te ve tu madre desde casa
jugando en el jardín entre los árboles,
tú puedes ver, si miras con cuidado
por las ventanas que este libro abre
a otro niño jugando lejos, lejos,
en su jardín mientras la tarde cae.
No vayas a pensar que pueda oírte
si le llamas golpeando los cristales;
está muy ocupado con sus juegos,
no hay nada más que pueda interesarle.
No te va a oír; tampoco puede verte,
ni de este libro lograrás que salte.
Pues hace mucho que, a decir verdad,
se hizo mayor y se marchó a la calle.
Y aunque siga jugando en el jardín,
ahora ya no es más que un niño de aire.

FIN


V- A UN NIÑO QUE SE LLAMA COMO YO


V

 A UN NIÑO QUE SE LLAMA COMO YO

Si tú, Luisito Sanchez, estudias como debes, cualquier día de éstos
van a darte a leer este libro de versos.
Descubrirás entonces que en él hace ya tiempo está impreso tu nombre
en imprentas inglesas, en la ciudad de Londres.

En la enorme e industriosa ciudad en la que se encuentra Oriente con Occidente
agruparon estas letras los impresores ingleses;
mientras tú aún ni pensabas ni jugabas, por pequeño,
estaban pensando en ti en lugares muy lejanos unos hombres extranjeros.

Y cuando eras un bebé dormilón y nada más, había ya muchos niños
en las tierras de habla inglesa que tenían en sus manos este libro;
y esos niños preguntaban en sus casas, al otro lado del mar,
¿quién sería este Luisito, me lo puedes explicar tú, mamá?


IV- A MINNIE


IV

 A MINNIE

La habitación roja con la enorme cama
donde sólo gente mayor se acostaba;
el cuarto pequeño en el que tú y yo
descansamos juntos en cierta ocasión
y, para casarnos de forma decente,
te pedí la mano como un pretendiente;
el cuarto de niños, que nos encantaba,
llenas las paredes de cuadros y láminas
y de hojas los huecos,
una habitación para no dormir
y escuchar las ramas y hojas del jardín
que sacude el viento...
y buena también para descansar
y aquellos grabados poder contemplar...
los de la batalla de Sebastopol,
con lanzas y espadas reluciendo al sol,
el pico escarpado,
los barcos hundiéndose, la oveja balando,
los niños felices, descalzos,
riendo encantados al cruzar el vado:
todas esas cosas desaparecieron
y la vieja finca hoy es de otros dueños;
presenta un aspecto distinto,
cobija a unos desconocidos.
Arrastra aún, de molino en molino,
el jardín de nuestra infancia el río;
¡pero los niños, ay, ya nunca
lo veremos desde la esclusa!
Más desde el tejo - aún está allí -
nuestras voces suelen salir
como si estuviéramos jugando
y aún las escucho preguntando:
"¿Está muy lejos Babilonia?"

Lejos, muy lejos, chiquitín,
está muy, muy lejos de aquí...
¡Pero aún más lejos estás tú en la colonia!
"¿Podré llegar a una vela?"
- eso decía la canción.
Yo no lo sé, puede que puedas,
aunque, escuchadme, a condición
de que si vas allí, no vuelvas.
La oscuridad eterna, ¿quién lo duda?,
caerá sobre colinas y llanuras
y apagará los astros y las lámparas
antes de que volvamos a la infancia.

Hasta la India lejana donde estás
estos versos te envío por el mar;
te llegarán, confío.
Porque ni tú ni yo hemos olvidado
aquellos muebles indios,
los huesos de antílope, las plumas de albatros,
las raras semillas, los extraños pájaros,
las cuentas y ajorcas, tantas baratijas,
los dioses  y sus sagradas campanillas,
las susurrantes caracolas retorcidas.
En aquel piso bajo todo era
sencillo y escocés, a su manera,
pero en cuanto subíamos a una silla,
aquello era el Oriente, ¡oh maravilla!
Consideremos todo esto una fábula;
podéis verme en aquella planta baja
y a Minnie sentada como un desafío
sobre aquel precioso mueble indio.
Sonriente y gentil, un escabel me quieres dar
que me resulta alto para hasta mí llegar.
¡Tiende hasta aquí tu mano, querida, y estos versos
tómalos en recuerdo de aquellos viejos tiempos!



III- A NUESTRA TÍA



III

 A NUESTRA TÍA 

<< La mejor de las tías >> te elegimos
una larga docena de sobrinos.
¿Cómo se las arreglan otros niños?
¿Qué podríamos hacer sin ti los primos?



II- MI MADRE


II

 MI MADRE

Lee también tú mis poemas, madre,
por cariño a aquel tiempo inolvidable,
y a la mejor vuelves a oír, bajito,
por el pasillo aquellos piececitos.


I- PARA WILLIE Y HENRIETTA


I

PARA WILLIE Y HENRIETTA

Si alguien puede entender de cabo a rabo
estos versos de antiguos buenos ratos
y de juegos de casa y de jardín,
vosotros, primos míos, sois los primeros, sí.

Vosotros fuisteis reyes - rey y reina -
conmigo en el jardín, sobre la hierba,
fuimos soldados, cazadores, marinos
y las siete mil cosas que suelen ser los niños.

Ahora sentados entre los adultos
nos quedamos tranquilos aquí juntos
y observamos desde estos miradores
cómo juegan los niños: son nuestros sucesores.

"Pasó aquel tiempo" dice irrevocable
la dorada cabeza irrefutable,
pero el tiempo, al que nadie puede atar,
prosigue su carrera y al amor deja atrás.



PORDADA

PORDADA